Nos miramos y hablamos. Al principio tímidos, como no sabiendo muy bien por dónde ir; poco a poco nos vamos soltando, cada vez con más confianza somos capaces de ir compartiendo más confidencias, más ideas. Hay más gente que se acerca y comenta, pero sólo importa lo que pensemos nosotros, esta conexión que estamos creando ahora, en este mágico instante. Palabras que se mezclan con gestos, gestos con miradas y vamos tirando del hilo para llegar allí donde queremos llegar. Y yo voy encontrando el significado de todo aquello que sale de los labios, reconociendo los movimientos que surgen de las manos, sintiendo el calor y el deseo que provoca pensar en llevar esto a cabo. Y tengo ganas, muchas ganas.

Por fin acabamos desnudos, exhaustos, vacíos, satisfechos. Ha temblado todo, todos los cimientos de nuestra propia vida porque ha surgido una nueva ilusión entre nosotros. Y en realidad llevaba mucho tiempo soñando con vivir experiencias así, momentos únicos de conexión que te llevan al clímax.

Esto es amor, amor por el teatro. Y de este bonito proceso de creación que vivimos, en el que tanto hemos trabajado y donde nos hemos dejado el alma, saldrá una gran obra.

Inicios

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