El sol es la fuerza vital que nos empuja y hace que todo funcione, pero es la luna la que marca los tiempos. Los ritmos de nuestra vida dependen en gran medida de su presencia -o no- en nuestros cielos. Y su fuerza es tan grande que nos hipnotiza. Mirar la luna nos vuelve a conectar con la tierra, con lo que somos. Por todo nuestro cuerpo volvemos a sentir la fuerza del mar, ese líquido primigenio del que provenimos. Sentimos la energía de todo lo natural que nos rodea y volvemos a soñar con todas las lunas que nos quedan por disfrutar.

Todo depende de los ritmos de alguien, ciertamente. Siempre, a lo largo de nuestro ciclo vital, hemos caminado al son de los ritmos que marcaban los demás (padres, profesores, amigos, jefes…). Por muy libre que seas, no es fácil ser un verso suelto y bailar según tu propia inercia. Bailar solo no suele tener tanta gracia. Yo creo que la mejor música es el latido del corazón de la persona que duerme contigo. Y cuando ese corazón se aleja no sabes muy bien cómo conciliar el sueño, ni sabes cómo encontrar nuevas ilusiones para afrontar tu propia existencia.

Pero al fin y al cabo todo son ciclos que empiezan y acaban. Está escrito en las estrellas. Y esta súper-luna que hoy nos alumbra marca el comienzo de una nueva ilusión por vivir. Nuevas músicas sonarán para nosotros. Sólo queda descubrirlas.

Lunáticos

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