El agua. Siento que floto. Fuera hace frío, pero yo estoy muy a gusto. Temperatura óptima. Cierro los ojos y me dejo llevar. Ya no oigo el tráfico que contamina la ciudad, ya estoy dejando atrás el 20 D. Me sumerjo en un océano de tranquilidad, sin ver bolsas de Primark revoloteando por doquier. Sólo siento que nado en línea recta por el infinito mar azul.

Siento mi cuerpo. La música bajo el agua y la sensación de flotar hacen que comprenda por primera vez el verdadero significado del movimiento, quizás de la danza. Por primera vez soy consciente de todo mi cuerpo. Y entiendo y comprendo a Alberto Velasco. Pensaba que ya había sido consciente subiendo montañas cuando me punzaban las piernas del esfuerzo y me sentía libre, pero esto es diferente. Aquí, a solas, flotando en esta enorme masa de agua, aparentemente inerte, pero muy viva, he conectado por primera vez con cada fibra, con cada célula epitelial, con cada sensación y pensamiento que me recuerda quien soy, lo que soy.

Es como volver a estar inmersa en mi líquido matriz y estuviera preparada para nacer de nuevo, pero mejor. Siento que floto, tomo AIRE, respiro una bocanada fuera del agua y salgo de nuevo al mundo. Ahora es mi momento…

Despertar

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